Yoga durante el embarazo: habitar el cuerpo que cambia
por Elena Ferraris

Hablar de yoga durante el embarazo no es hablar de posturas espectaculares ni de nuevos retos físicos. El yoga en esta etapa no tiene que ver con hacer más, sino con escuchar mejor. No se trata de probar hasta dónde llego, sino de aprender a reconocer qué necesito ahora.
El embarazo es un tiempo de profundas transformaciones físicas, hormonales y emocionales. El cuerpo cambia de forma visible, pero también cambia desde dentro: la percepción, la sensibilidad, la forma de relacionarnos con el esfuerzo, el descanso y el límite.
Practicar yoga durante este periodo puede ser una vía especialmente valiosa para acompañar estos cambios con conciencia, amabilidad y confianza.

Un yoga que no busca exigencia, sino presencia

En las clases de yoga para el embarazo no buscamos posturas exigentes ni exploraciones avanzadas. No porque el cuerpo sea “frágil”, sino porque está inmerso en un proceso de enorme inteligencia biológica que merece respeto y espacio.
El enfoque cambia:

  • dejamos de perseguir una forma externa perfecta,
  • soltamos la idea de progreso tal como la entendemos habitualmente,
  • y empezamos a habitar el cuerpo desde dentro.

Esto no significa que la práctica sea pasiva o carente de contenido. Al contrario. Es una práctica rica, precisa, alineada y profundamente transformadora, que invita a desarrollar conciencia corporal, propiocepción y capacidad de escucha. Tres cualidades que acompañarán a la mujer mucho más allá del embarazo.

Escuchar el cuerpo para cultivar la intuición

Durante el embarazo muchas mujeres descubren algo que quizá antes no estaba tan presente: una intuición más clara, más afinada. El yoga puede ayudar a reconocerla y a confiar en ella.
Cuando una mujer aprende a sentir su cuerpo —sus ritmos, sus señales, su energía— empieza a tomar decisiones desde un lugar más interno y menos condicionado por expectativas externas. Esta escucha es especialmente valiosa de cara al parto, un momento en el que pensar demasiado no ayuda, y en el que la conexión con lo instintivo y lo corporal resulta esencial.
Practicar yoga durante el embarazo no prepara el parto desde la técnica, sino desde la confianza en la propia capacidad de sentir y responder.

La respiración: no cambiarla, sino reconocerla

Uno de los grandes malentendidos sobre el yoga prenatal es la idea de que hay que “enseñar a respirar”. En mi experiencia, no se trata de imponer técnicas respiratorias ni de modificar la respiración natural.
En las clases de yoga para el embarazo no buscamos controlar la respiración, sino relacionarnos con ella. Observarla. Sentir cómo se mueve el cuerpo al inhalar y, sobre todo, al exhalar.
La exhalación se convierte poco a poco en una gran aliada:

  • ayuda a soltar tensión,
  • a descargar peso,
  • a confiar en el proceso.

Cuando esta relación con la respiración se ha cultivado a lo largo del embarazo, en el momento del parto no hace falta “recordar qué hacer”. El cuerpo ya sabe. La respiración aparece de forma espontánea, acompañando el movimiento, el sonido y la intensidad del momento.

Fuerza, movilidad y conciencia corporal

El yoga durante el embarazo no es solo descanso o relajación. Es también una forma de mantener el cuerpo ágil, móvil y funcional, adaptándose a cada trimestre y a cada mujer.
Las posturas se orientan a:
• sostener el peso cambiante del cuerpo,
• cuidar la espalda,
• favorecer una movilidad consciente,
• y mantener una relación amable con la fuerza.
No se trata de fortalecer por fortalecer, sino de crear estabilidad sin rigidez, y espacio sin dispersión. Una fuerza que sostiene, que acompaña, que no invade.

El uso de soportes: adaptar para incluir

Un aspecto fundamental del yoga para el embarazo es la adaptación. Aquí los soportes no son un recurso secundario, sino una herramienta central.
Bloques, mantas, cinturones y, muy especialmente, la silla, permiten que la práctica sea accesible para mujeres con o sin experiencia previa en yoga. Una silla estable ofrece seguridad, apoyo y versatilidad. Permite modificar posturas, descansar cuando es necesario y explorar el movimiento sin miedo.
Gracias a estos soportes, cada mujer puede practicar desde su realidad concreta, sin compararse y sin forzarse. El yoga se convierte así en un espacio de inclusión, no de exigencia.

Un espacio de confianza y acompañamiento

Más allá de los beneficios físicos, el yoga durante el embarazo ofrece algo difícil de medir, pero profundamente valioso: un espacio donde la mujer puede escucharse sin juicio.
Un espacio donde:

  • no hay prisa,
  • no hay metas que alcanzar,
  • y no hay un modelo único que cumplir.

Esta experiencia de respeto y presencia deja una huella. Muchas mujeres continúan relacionándose con su cuerpo desde este lugar después del parto, en la crianza y en otras etapas de la vida.

Yoga para el embarazo: una preparación para la vida

Practicar yoga durante el embarazo no es solo una preparación para el parto. Es una preparación para habitar los cambios, para confiar en los procesos y para sostener la incertidumbre con mayor serenidad.
Desde esta perspectiva, el yoga no ofrece respuestas cerradas, sino herramientas internas: escucha, presencia, respiración, capacidad de adaptación. Recursos que acompañan a la mujer en uno de los momentos más intensos y transformadores de su vida.
Porque cuando aprendemos a sentir el cuerpo, aprendemos también a escucharnos. Y esa es, quizá, una de las mayores fortalezas que puede cultivarse durante el embarazo.

Elena Ferraris

Elena Ferraris ha creado y dirige la formación de Yoga para la Mujer dentro de la Escuela Internacional de Yoga. Esta formación ofrece un recorrido riguroso y sensible por las diferentes etapas de la vida femenina, integrando cuerpo, respiración y presencia como ejes del acompañamiento. Uno de sus módulos está específicamente dedicado al embarazo y al yoga prenatal, abordado desde una mirada respetuosa, accesible y profundamente conectada con la experiencia corporal de la mujer gestante.